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Científicos brasileños logran cultivar verduras en la Antártida a 60 grados bajo cero

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Ene 27, 2026
SAO PAULO, 27 ene (Xinhua) — Brasil, uno de los principales productores de alimentos del mundo, logró un hecho sin precedentes con el desarrollo de un vivero en la Antártida, donde un equipo de investigadores consiguió cultivar verduras frescas en condiciones extremas, con sensaciones térmicas que pueden acercarse a los menos 60 grados Celsius, informó este martes la prensa local. Como parte del Programa Antártico Brasileño, los científicos lograron cosechar mostaza, berro, brócoli, lechuga, repollo y frijol, un avance que mejora de manera significativa la alimentación de quienes participan en expediciones al llamado Continente Blanco. El proyecto comenzó a desarrollarse en 2023 con tecnología brasileña y fue liderado por Gabriel Estevam, director de Investigación, Desarrollo e Innovación de la empresa Ambipar, en la estación científica brasileña en la Antártida Comandante Ferraz. «Cuando vamos para allí, las condiciones son malas en términos de higiene y alimentación. Todo se congela. Por eso comemos muchos alimentos industrializados. El vivero viene para cambiar esa realidad», explicó Estevam. Las especies seleccionadas fueron de ciclo corto, con énfasis en microverdes que pueden plantarse y cosecharse en un período de entre 10 y 12 días y que se adaptan bien a ambientes controlados bajo parámetros específicos de luz, temperatura y humedad. El proyecto, coordinado por el profesor Heitor Evangelista, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, contó con una inversión de alrededor de 600.000 reales (unos 113.000 dólares), financiada por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, del Gobierno federal. El vivero operó con cerca de nueve a diez horas de luz diaria, una temperatura interna próxima a 25 grados Celsius y una humedad en torno al 60 por ciento, parámetros ajustados a las especies cultivadas. Dado que no existe suelo disponible y no se permite dejar residuos en el continente, el material de cultivo se elaboró a partir de desechos generados por la propia misión, como borra de café, cajas de huevos, residuos de té y papel, además de cenizas y fósforo por su aporte mineral. La pureza extrema del agua local también exigió ajustes para garantizar la germinación y el crecimiento de las plantas. Fin

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