Por René Quenallata Paredes LA PAZ, 4 feb (Xinhua) — Bolivia inició 2026 con una inflación elevada y señales persistentes de presión sobre el costo de vida, en un contexto de ajuste económico que, según advierten expertos y organismos internacionales, podría derivar en una inflación de dos dígitos a lo largo del año. Según datos del estatal Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación de enero alcanzó el 1,31 por ciento, un nivel similar al registrado en el mismo mes de 2025, mientras que la variación acumulada en los últimos 12 meses se situó en 19,64 por ciento. El resultado confirma la continuidad de una tendencia inflacionaria que se consolidó el año pasado. El INE explicó que el alza de precios en enero estuvo impulsada principalmente por el incremento del precio de la gasolina y del transporte urbano, cuyas tarifas subieron por encima del 30 por ciento. Estos ajustes impactaron de forma directa en la canasta familiar y en los costos logísticos de distintos sectores. Bolivia cerró 2025 con una inflación acumulada de 20,40 por ciento, una de las más altas registradas en las últimas décadas y un punto de inflexión para una economía que, durante casi 20 años, mantuvo estabilidad de precios y niveles moderados de inflación. Para el analista y abogado José Ugarte, Bolivia atraviesa un proceso de reacomodo tras la eliminación de la subvención a los hidrocarburos, una medida que generó tensiones sociales y que, según señaló, explica en gran parte la inflación elevada de enero, similar a la registrada a inicios del año pasado, cuando se alcanzó un nivel récord en más de tres décadas. «Bolivia dejó atrás un modelo basado en subsidios y tipo de cambio fijo y ahora enfrenta un reajuste estructural con desafíos complejos para contener la inflación», señaló Ugarte. A su juicio, el control de una inflación de dos dígitos, aunque no superior al 20 por ciento, dependerá de la estabilización del tipo de cambio y de evitar la coexistencia de múltiples referencias cambiarias. También subrayó la necesidad de fortalecer las reservas internacionales y promover las exportaciones para reducir presiones inflacionarias. En la misma línea, el analista económico, estratega y experto en ciencias de la comunicación, Martín Moreira, identificó tres factores centrales detrás de la escalada de precios: el fin de la subvención a los combustibles, los bloqueos de caminos impulsados por sectores sindicales y la volatilidad del dólar, que ha alimentado expectativas especulativas. Asimismo, advirtió que el encarecimiento del diésel afectará especialmente al sector agrícola, en particular en el oriente del país, donde este insumo es clave para la siembra, la cosecha y el transporte. «Ese impacto se trasladará a los precios de los alimentos en el corto plazo», advirtió. El Gobierno boliviano proyecta una inflación de dos dígitos en 2026, en un rango de entre 12 y 17 por ciento, y descarta escenarios extremos. El ministro de Economía y Finanzas Públicas, José Gabriel Espinoza, afirmó recientemente que el país avanza hacia una estabilización gradual de precios, aunque reconoció que la inflación seguirá siendo elevada. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que la inflación en Bolivia podría ubicarse entre el 15 y el 20 por ciento en 2026, junto con un crecimiento económico débil de alrededor del 0,9 por ciento. El organismo advirtió además sobre riesgos de estanflación, asociados al déficit fiscal y a la contracción del sector de hidrocarburos. Pese a este escenario, el economista y gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Gary Antonio Rodríguez, sostuvo que la salida estructural pasa por impulsar exportaciones diversificadas, fortalecimiento de las reservas internacionales, mejorar el clima de inversión y atraer capitales. No obstante, reconoció que será difícil evitar una inflación de dos dígitos este año, en un contexto de ajustes pendientes como la unificación del tipo de cambio y otras medidas complementarias. Fin
