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Especial: Caral, la civilización milenaria de Perú que destacó por cooperación y resiliencia, confirman hallazgos

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Ago 4, 2026

Por José Aguiar LIMA, 3 ago (Xinhua) — La civilización peruana de Caral, considerada la más vieja de América con 5.000 años de antigüedad, destacó por sus principios de resiliencia, intercambio cultural y convivencia pacífica entre poblaciones, según confirmaron hallazgos en la zona arqueológica del país sudamericano. Durante un recorrido de Xinhua por la imponente Ciudad Sagrada de Caral-Supe y la ciudad pesquera de Áspero, ubicados en la provincia de Barranca, al norte de Lima, expertos locales explicaron la relevancia de ese modelo social que logró estructurar centros urbanos articulados, sin recurrir jamás a conflictos bélicos, ni a invasiones. El director de Investigación y Conservación de Bienes Inmuebles Arqueológicos de la Zona Arqueológica Caral (ZAC), Marco Machacuay, explicó que las investigaciones demuestran que esa cultura «se desarrolló en un ámbito de paz», al no hallarse murallas, ni armas, durante un periodo de 1.200 años de historia (entre los años 3000 y 1800 a. C.). El investigador destacó que los hallazgos revelan «indicios de resiliencia» frente a los constantes cambios climáticos de la época, ante los cuales los pobladores subsistieron mediante la adaptación paulatina de los recursos cotidianos y la constante ayuda mutua interregional. «Es muy importante lo que aporta Caral, porque tenemos indicios de resiliencia, que a pesar de ser cíclicos estos cambios climáticos, las poblaciones han subsistido, han cambiado ligeramente sus medios de subsistencia. Me imagino que por la cooperación se han vuelto a organizar y se han ayudado mutuamente», sostuvo. Machacuay resaltó que, aunque los diversos asentamientos del valle «mantenían su organización» de manera independiente, resultaban muy permeables a la integración, pues las poblaciones cooperaban de manera activa «sin necesidad de ocupaciones, invasiones y peleas por territorio», lo que fortalecía el trabajo comunitario. Esa dinámica integradora demostró que los pueblos antiguos desarrollaron esquemas de trabajo conjunto para la correcta gestión de los recursos hídricos, sugiriendo una experiencia aplicable en la actualidad para fomentar una convivencia armónica y coordinada entre las diversas naciones de la región. Por su parte, David Palomino, quien es el jefe de campo de la Sede Áspero de la ZAC, detalló la manera en que se materializaba esa cooperación en la práctica, enfatizando que «el mar en la civilización Caral fue vital» para complementar de forma directa la economía y la alimentación de los habitantes. En ese sentido, explicó que la recolección marina abasteció a los centros urbanos y propició «un acercamiento y una red de intercambio» constante entre la milenaria civilización, lo que consolidó un sistema económico integrado, diverso y altamente eficiente para la época. Respecto a la estructura territorial, el arqueólogo aclaró que Caral se organizó a lo largo del Valle de Supe, con la localidad de Áspero como puerto pesquero satélite, mientras que los asentamientos del interior aportaban variados productos agrícolas junto a diversos materiales para las construcciones. «La relación entre Áspero y Caral fue de complementariedad económica, cultural y también política. Económica porque de Áspero se estableció la ciudad pesquera, un centro urbano, que se dedicó y se especializó específicamente en la actividad pesquera, en la extracción del recurso pesquero, como había mencionado, la anchoveta y la sardina y distintos moluscos», precisó Palomino. El algodón suministrado desde el valle permitió a los pescadores elaborar redes y prendas de vestir, mientras que Áspero replicó modelos arquitectónicos e instrumentos musicales similares a los de la Ciudad Sagrada, lo que evidencia una misma organización social, política y cultural compartida. Palomino recordó además que esos importantes descubrimientos demuestran que el «Perú fue uno de los cinco focos civilizatorios más importantes del mundo», que sentó las bases tecnológicas, sociales y culturales, posteriormente transmitidas a las siguientes culturas andinas registradas en el territorio. El valor pedagógico e histórico del complejo arqueológico continúa impactando a los visitantes locales, entre ellos Gonzalo Pucca, un estudiante de 16 años procedente de la ciudad de Huaraz y quien compartió sus impresiones tras recorrer las imponentes construcciones piramidales levantadas en la Ciudad Sagrada. A su juicio, «es muy interesante» todo lo que hoy se puede ver en este milenario lugar, ya que permite mediante hallazgos regresar a la historia de los antepasados, conectar con ellos y ver todo lo que se ha «estado construyendo» a lo largo del tiempo. Pucca señaló que el recorrido por ese importante sitio arqueológico ayuda a comprender el pasado más allá del aspecto físico, y permite rescatar las tradiciones ancestrales para fortalecer la comprensión sobre la propia identidad cultural y la milenaria cosmovisión de los pueblos andinos. Para el estudiante, conocer esos centros arqueológicos representa una valiosa oportunidad educativa, pues afirmó que el aprendizaje directo en el lugar permite valorar la historia de forma integral y comprender la evolución social sin limitarse únicamente a evaluaciones o fichas académicas de colegio. La valiosa herencia de la civilización Caral reafirma la importancia de los modelos de integración territorial, pues los especialistas coinciden en que la preservación de esas evidencias históricas ofrece lecciones fundamentales sobre sostenibilidad, resiliencia y cooperación pacífica, las cuales resultan plenamente aplicables para abordar las necesidades actuales. Fin

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