BUENOS AIRES, 31 ago (Xinhua) — Un estudio realizado por investigadores argentinos sobre caparazones fósiles reveló diferencias entre tortugas del Cretácico patagónico, informó hoy lunes el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). El organismo de ciencia dijo que el estudio, de tipo paleohistológico, consistió en un análisis de los tejidos biológicos de restos fósiles del caparazón de cuatro especies de tortugas del suborden Pleurodira, también conocidas como «tortugas de cuello lateral» por la forma en que retraen su cabeza. El trabajo, que analizó muestras de diversas cuencas de la Patagonia argentina (sur), busca comprender la variación en la microestructura ósea para reconstruir la historia de vida de esos reptiles que corresponden al período Cretácico, una época de profundas transformaciones ambientales y biológicas. «Las tortugas del suborden Pleurodira son exclusivas del hemisferio sur y son todas de agua dulce (acuáticas continentales). Actualmente, están representadas principalmente por tortugas de Sudamérica, África y Australia», comentó Marcos Jannello, investigador del Conicet en el Instituto de Evolución, Ecología Histórica y Ambiente de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Jannello explicó que dentro de ese grupo se encuentran las familias Chelidae (tortugas de agua), Pelomedusidae (tortugas de lodo o fango) y Podocnemididae (tortugas de patas con armadura). «En nuestro estudio nos enfocamos particularmente en la familia Chelidae y en el género Prochelidella, que representa el género más antiguo de Pleurodira», apuntó «En tierra había una enorme diversidad de dinosaurios, además de cocodrilos, lagartos, serpientes, mamíferos primitivos, pterosaurios y, por supuesto, tortugas. Además, durante el Cretácico se produjo una importante expansión y diversificación de las angiospermas, es decir, las plantas con flores. Al mismo tiempo, continuaban siendo importantes las coníferas, los helechos y otros grupos vegetales», comentó el científico. Jannello precisó que «en Sudamérica y, particularmente, en la Patagonia, existían diferentes ambientes continentales, incluidos sistemas fluviales, lagos, llanuras de inundación y ambientes volcánicos. Estos ecosistemas estaban habitados por una fauna muy diversa». Al examinar la microestructura de las placas costales de las cuatro especies de tortugas del suborden Pleurodira (Prochelidella portezuelae, Prochelidella cerrobarcinae, Prochelidella palomoi y Prochelidella buitreraensis), los científicos descubrieron variaciones significativas en la organización de los tejidos. «En nuestro caso, la paleohistología nos permitió detectar grandes diferencias internas entre especies de Prochelidella que no eran evidentes cuando observamos solamente la forma externa del caparazón», destacó Jannello. El estudio evidenció que si bien las cuatro especies presentan una organización general del hueso del caparazón bastante similar, existen diferencias importantes en su microestructura ósea, principalmente en el grado de compactación del hueso; la organización y vascularización de las cortezas externa e interna; el desarrollo del tejido óseo esponjoso; y la cantidad y distribución de las líneas de crecimiento detenido (LAGs), que fueron muy abundantes. El científico señaló que un resultado particularmente interesante del estudio fueron las diferencias en el número de LAGs entre especies y en la compactación del hueso. Jannello sostuvo que esas diferencias indican que no todas las especies tenían exactamente la misma historia de crecimiento, ni necesariamente enfrentaban las mismas condiciones ambientales o funcionales, a pesar de pertenecer al mismo género. «No estudiamos solamente cómo era el hueso, sino qué nos puede contar ese hueso sobre la evolución, el crecimiento y la historia de vida de estas tortugas en este período particular», señaló el investigador argentino. Fin
