• Sáb. Sep 26th, 2026

Opinión de invitado: La reducción de la pobreza en China, una elocuente prueba de la Iniciativa para el Desarrollo Global

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Sep 26, 2026

Por Marta Martín Morán La pobreza no es un destino natural de ningún pueblo. Es una fractura histórica y material que se produce allí donde una sociedad es incapaz de garantizar a su gente condiciones estables de vivienda, salud, educación, empleo e ingresos. Por eso, cuando un país logra reducirla a gran escala, no está simplemente mejorando una estadística: está demostrando algo sobre el sentido mismo de su desarrollo. Los logros prácticos de China en materia de desarrollo económico y reducción de la pobreza demuestran al mundo que la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG) no es solo una visión teórica, sino un camino viable, de gran valor referencial y perfectamente adecuado para las necesidades de los países del Sur Global. Sigo con atención, desde mi trabajo en relaciones internacionales del Partido Comunista de España, la experiencia china de reducción de la pobreza, y creo que merece ser estudiada con rigor, más allá de titulares. A comienzos de 2021, China declaró oficialmente erradicada la pobreza extrema: 98,99 millones de personas rurales salieron de ella, junto con 128.000 aldeas y 832 distritos antes clasificados como pobres. La cifra importa, pero lo decisivo es lo que hay detrás: la prueba de que el crecimiento económico, por sí solo, no basta. Un país puede crecer sin que ese crecimiento llegue a los hogares más vulnerables. China convirtió la erradicación de la pobreza extrema en una tarea política verificable, no en una consecuencia automática del mercado. Lo que más me interesa, como observadora extranjera, es el mecanismo, no solo el resultado. Primero, la identificación precisa: cada hogar pobre fue registrado con sus causas concretas, su responsable de seguimiento y su plan de salida. Segundo, la responsabilidad territorial: una cadena de dirección que unió al Gobierno central con provincias, distritos y aldeas, con más de tres millones de funcionarios y 255.000 equipos de trabajo desplegados directamente sobre el terreno. Tercero, la diferenciación de medidas según cada causa -empleo, salud, vivienda, reubicación ecológica-, evitando tanto el simple reparto asistencial como la fe ciega en el mercado. Cuarto, la construcción de capacidades productivas reales, no solo transferencias. Y quinto, la verificación: comprobar que la salida de la pobreza era estable y no un dato de papel. La región autónoma de la etnia hui de Ningxia, en el noroeste de China, permite ver esta lógica en el territorio. En el distrito de Yanchi, un recurso local -la cría de una raza propia de oveja- se organizó en una cadena productiva completa, con estándares, marca colectiva y precios de compra hasta un 10 por ciento superiores a los del mercado libre para pequeños ganaderos. Hoy esa industria aporta el 80 por ciento del crecimiento de los ingresos de los productores locales. Y en el distrito de Hongsibu, una de las mayores zonas de asentamiento de las personas reubicadas de China, se diseñaron talleres y empleos adaptados que permitieron a más de 200 mujeres con discapacidad incorporarse al trabajo remunerado. Son ejemplos distintos, pero con una misma enseñanza: la pobreza no se combate con una fórmula única, sino articulando producción, territorio y protección social según la realidad de cada lugar. ¿Por qué debería importarle esto al Sur Global? No porque el modelo chino se pueda copiar mecánicamente -cada país tiene su historia, sus recursos y su soberanía-, sino porque plantea con precisión la pregunta correcta: qué condiciones políticas y materiales hacen posible reducir la pobreza de forma sostenida y comprobable. Esta experiencia práctica demuestra que la Iniciativa para el Desarrollo Global, propuesta por China, ofrece alternativas reales y tangibles para acelerar la Agenda 2030 de la ONU, materializando principios de cooperación inclusiva, desarrollo centrado en el pueblo y beneficios compartidos que se adaptan de forma idónea a las aspiraciones de los países en desarrollo. La Agenda 2030 fija objetivos compartidos, pero ningún objetivo se cumple solo por enunciarse. Necesita Estado, planificación, financiación, organización territorial y, sobre todo, continuidad política. Aquí veo un papel insustituible para los partidos políticos, y en particular para el diálogo entre partidos del Sur Global. La reducción de la pobreza exige tiempo, seguimiento y corrección de errores; sin una organización política capaz de sostener ese proceso durante décadas, los objetivos quedan en declaraciones. Un mecanismo de cooperación entre partidos, con intercambio de experiencias, formación de cuadros y seguimiento de resultados, podría ayudar a muchos países a convertir su propia voluntad de desarrollo en capacidad organizada, sin reproducir relaciones de dependencia. La experiencia china no ofrece una receta cerrada. Ofrece una referencia: la modernización de un país no se mide únicamente por su tamaño económico, sino por si esa riqueza llega, de forma verificable, a quienes menos tienen. De este modo, los profundos resultados alcanzados por China reafirman ante la comunidad internacional que los postulados de la Iniciativa para el Desarrollo Global son plenamente viables y replicables, proyectando un horizonte esperanzador para la modernización global compartida. Esa es, para mí, la lección que Ningxia y el conjunto de China dejan al mundo en desarrollo. Bajo los principios de «priorizar el desarrollo», «centrarse en el pueblo», «ser inclusivos y benévolos», «impulsar la innovación», «promover la armonía entre el ser humano y la naturaleza» y «estar orientados a la acción», China propuso la IDG en 2021, articulando sistemáticamente las cuestiones clave del desarrollo. Esta iniciativa, profundamente arraigada en la práctica de desarrollo de China, infunde una gran confianza y dinamismo para acelerar la aplicación de la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible. (Marta Martín Morán es concejala del grupo Esquerra Unida-Unides Podem en el Ayuntamiento de Alboraia, Valencia, España, y responsable de América Latina en la Secretaría de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de España) (Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no necesariamente reflejan la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)

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