BEIJING, 20 oct (Xinhua) — La economía china, más parecida a un océano que a un estanque, puede no ser inmune a los vientos en contra, pero tiene la firmeza necesaria para absorber el impacto de grandes olas y capear las tormentas de estos tiempos. En un mundo necesitado de certezas, China se mantiene como una fuerza de estabilización en la economía global.
Los hechos en el terreno hablan por sí mismos. La economía china creció un 4,6 por ciento en los tres primeros trimestres de 2026, situándose de lleno en el rango previsto para el año completo y manteniendo su posición entre las principales economías que más crecen.
Sin embargo, analizar la economía únicamente desde la perspectiva de la velocidad de crecimiento que reflejan las cifras generales supone pasar por alto lo más importante. China atraviesa un período crucial en el que está acelerando la transición de los antiguos motores de crecimiento hacia otros nuevos. La calidad del crecimiento y la orientación del cambio estructural revisten mayor importancia.
Las nuevas fuerzas productivas de calidad están cobrando impulso y los nuevos motores de crecimiento, entre ellos la manufactura de alta gama, la economía digital e inteligente y los servicios modernos, contribuyen con más del 40 por ciento a la expansión económica.
En particular, los robots industriales, los equipos de impresión 3D y las baterías de iones de litio registraron tasas de crecimiento interanual de dos dígitos, lo que contribuye a orientar la economía hacia un modelo de desarrollo impulsado en mayor medida por la innovación y centrado en la calidad.
Los cimientos de la resiliencia económica de China también se encuentran en el consumo, que representó casi la mitad del crecimiento del producto interno bruto (PIB) en los tres primeros trimestres.
También están cobrando impulso las ventas minoristas de servicios, el consumo de bienes de mayor calidad, los nuevos formatos de consumo, así como los mercados de las ciudades de menor nivel administrativo y el turismo receptivo. A medida que las autoridades intensifican las medidas de apoyo al consumo, el gasto de los hogares muestra señales constantes de recuperación, lo que sienta las bases para liberar el enorme potencial del gigantesco mercado chino.
Por su parte, el comercio exterior sigue siendo uno de los aspectos más destacados, con un crecimiento que alcanzó su nivel más alto para el mismo período de los últimos cinco años. Desde los vehículos de nueva energía hasta los productos fotovoltaicos, la robótica y los medicamentos innovadores, las exportaciones chinas se distinguen cada vez más por su tecnología de vanguardia, su capacidad de innovación original y la solidez de sus cadenas industriales y de suministro, con plena integración.
Además, China dispone de amplias y eficaces herramientas de política económica para orientar la trayectoria de su crecimiento. Los planes quinquenales, la profundización de las reformas y una mayor apertura, junto con medidas fiscales y monetarias específicas y un considerable margen para realizar ajustes anticíclicos, aportan previsibilidad y estabilidad al mercado.
Una comprensión objetiva de la economía china exige también reconocer los obstáculos reales: un entorno externo complejo y volátil, una demanda interna insuficiente y una transición estructural que aún no ha sido completada.
Como muestran las últimas cifras, la economía china es resiliente. Esto contradice los relatos amplificados por ciertos pesimistas y agoreros de Occidente. Respaldada por un mercado interno de 1.400 millones de personas, una sólida base manufacturera, infraestructuras bien desarrolladas, un amplio capital humano y cadenas industriales y de suministro completas, la economía china mantiene intactos sus fundamentos y su tendencia positiva a largo plazo.
En medio de la débil recuperación mundial y del aumento de los riesgos geopolíticos, el desarrollo de China sigue ofreciendo impulso para el crecimiento y oportunidades de mercado al mundo.
El país es tanto un motor constante para el crecimiento inclusivo y compartido como un amortiguador fiable frente a la volatilidad de la economía mundial, derivada de factores como los conflictos regionales y el auge del unilateralismo y el proteccionismo.
Durante muchos años, China ha aportado cerca del 30 por ciento del crecimiento económico mundial, manteniéndose como uno de los principales motores de la economía global.
Como país manufacturero líder a nivel mundial, China continúa suministrando a los mercados internacionales productos de alta calidad, asequibles y fiables. Ya no es únicamente la fábrica del mundo, sino que se está convirtiendo también en un mercado y un gran comprador global, con un aumento de las importaciones superior al 20 por ciento, lo que refleja una estructura comercial más equilibrada y abierta.
El compromiso de China con la apertura sigue siendo firme, pese al creciente proteccionismo mundial. Así lo demuestra el establecimiento de un mayor número de nuevas empresas con inversión extranjera. Así lo puso de relieve Tim Cook, presidente ejecutivo de la empresa estadounidense Apple, quien señaló recientemente que su compañía mantiene una visión optimista de las perspectivas de desarrollo de China y ampliará aún más sus operaciones en el país.
La ventaja de China quizá resida menos en la velocidad de su crecimiento que en la calidad y sostenibilidad de su avance, así como en su capacidad para cumplir los objetivos fijados para el conjunto del año. La «Oportunidad China 2.0», impulsada por los beneficios de la innovación y de una apertura de alto nivel, generará sin duda más resultados de cooperación mutuamente beneficiosa para el mundo. Fin
