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Artista argentino crea una obra con objetos de los 1980 y reinventa la calle donde vive

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Abr 26, 2026
BUENOS AIRES, 25 abr (Xinhua) — El artista argentino Lucas Stoessel creó una obra de arte con objetos emblemáticos de los años 1980 y 1990 como «walkmans», teléfonos de disco, televisores, teclados y «joysticks», y la instaló en la puerta de su casa en Buenos Aires para deleite de los transeúntes. «Tengo un montón de teléfonos y eran todos en la misma gama y dije, ‘voy a empezar a intervenirlos, voy a empezar a pegarlos, a pintarlos, y ahí tenés, hay como una especie de arcoíris», dijo Stoessel a Xinhua sobre el origen de su trabajo. La instalación, montada en el Pasaje Cisne, una pequeña calle de solo 100 metros de extensión, lleva el nombre de «Obopop». El nombre es una sigla que corresponde a las palabras «Objetos de botonera obsoleta con perillas o palancas», con la que trató de elaborar una declaración de principios sobre la materialidad de la tecnología analógica en la actual era táctil. La idea comenzó cuando Stoessel pegó un discman (reproductor portátil de discos compactos) roto en la puerta de ingreso de su casa y con el paso del tiempo evolucionó hacia una instalación interactiva a gran escala. «Establecí como un contrato conmigo mismo, dije ‘okay, si me lo quedo (al discman), hago algo que no sea que esté abajo de la cama en una caja», recordó el entrevistado. A ese objeto inicial siguieron otros, como un televisor y una grabadora, elementos todos con botones y sin uso, para luego recibir aparatos de parte de vecinos, conocidos y amigos. «Se empezó a armar y ahí, de repente, la pandemia. En la pandemia lo que todo el mundo hizo fue ordenar las casas. Entonces surgieron pilas y pilas de ‘Obopop’, objetos de botonera obsoleta con perillas o palancas. Es como el concepto que le puse». Los transeúntes, en el barrio de Saavedra (norte de la capital) lejos de ser simples observadores son invitados por el artista a presionar botones, accionar palancas y girar diales de radios, conectando sonidos y texturas de décadas pasadas. La propuesta, según el autor, busca rendir homenaje a «cierta melancolía de lo que ya no está y que era nuestro poder, ir escuchando un casete en el ‘Walkman'». «Hace unos meses vino un jardín de infantes (…), eran de repente 30 peques (niños), estaban fascinados. De repente se me acerca la maestra y me dice, ‘están en Disneylandia, o sea, no lo pueden creer’, y eso para mí es un montonazo», ilustró Stoessel. La propuesta del artista ha trascendido el barrio de Saavedra y se ha convertido en un punto de referencia para el turismo local y la fotografía urbana. Fin

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