Por René Quenallata Paredes LA PAZ, 5 ago (Xinhua) — Bolivia registró en julio un inesperado alivio en los precios al consumidor tras los bloqueos de camino y los problemas de abasto registrados en mayo y junio pasado, pero la caída mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) no despeja las presiones derivadas de la depreciación del boliviano frente al dólar ni los desequilibrios que enfrenta la economía, afirmó hoy miércoles el analista económico y experto en seguridad, José Ugarte. El Instituto Nacional de Estadística (INE) informó el martes que el IPC registró en julio una variación negativa de 2,79 por ciento respecto a junio, mientras que la inflación acumulada en los primeros siete meses del año alcanzó 1,89 por ciento y la variación interanual se situó en 4,93 por ciento. Ugarte explicó a Xinhua que este registro de julio contrasta con el de junio, cuando la inflación llegó a 2,15 por ciento, la más alta del año, impulsada por los bloqueos de carreteras que dificultaron el traslado de alimentos y mercancías desde las zonas productoras hacia las principales ciudades. «Con el restablecimiento de la transitabilidad, los productos retenidos durante las protestas ingresaron de forma simultánea a los mercados urbanos, incrementando la oferta y provocando una reducción de precios, especialmente en alimentos perecederos», afirmó. El INE atribuyó este comportamiento a la normalización del abastecimiento y destacó las bajas registradas en productos básicos como carne de pollo, carne de res, cebolla, zanahoria y plátano guineo. «Este comportamiento es atípico, pero se explica por la sobreoferta y la poca demanda tras los bloqueos», señaló Ugarte, quien consideró que el fenómeno responde a un rebote de la oferta después de un periodo de escasez. Este alivio, sin embargo, es coyuntural y no implica que hayan desaparecido las presiones inflacionarias derivadas del mercado cambiario, alertó el experto. Uno de los factores centrales, explicó, es el «pass-through» cambiario, es decir, el traslado gradual de la depreciación de la moneda hacia los precios internos. «Estamos en un momento de desvalorización de la moneda boliviana, que ha perdido más del 50 por ciento de su poder adquisitivo como consecuencia del régimen de dólar flexible. La gente tiene menos dinero y consume menos, por lo que cae la demanda», afirmó. Ugarte destacó que mientras los alimentos redujeron sus precios, otros bienes y servicios reflejaron el efecto del tipo de cambio en la inflación. «El propio reporte muestra esa dualidad. Por un lado, bajaron los precios del pollo, la carne de res, el plátano, la cebolla y la zanahoria, pero aumentaron los del transporte interdepartamental, teléfonos celulares, televisores, perfumes, calzados y cortes de cabello», indicó. Sostuvo que la pérdida del poder adquisitivo también limita la capacidad de los comerciantes para trasladar plenamente el aumento de sus costos al consumidor final, lo cual retrasa el efecto de la depreciación sobre la inflación. «Esta combinación explica cómo pueden coexistir una fuerte presión cambiaria y una reducción mensual del IPC. El tipo de cambio está anticipando un aumento de costos que todavía no se refleja completamente en los precios y probablemente se observará en las próximas semanas», afirmó. Para el analista, el dato del IPC de julio representa un alivio temporal para los hogares, pero no una señal de estabilización de la economía. «La normalización del abastecimiento corrigió parte de las distorsiones provocadas por los bloqueos, pero no resuelve la escasez de divisas, el encarecimiento de las importaciones ni el aumento de los costos de reposición», reiteró. A su juicio, el comportamiento de los precios dependerá de la evolución de la oferta agrícola y de la velocidad con la que la depreciación del boliviano termine trasladándose a toda la cadena productiva y comercial. «Si los mayores costos cambiarios llegan a la producción, el transporte y las importaciones, el alivio observado en julio será transitorio», añadió. Fin
