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Entrevista: Uso unilateral de la fuerza amenaza con erosionar el orden internacional, advierte académico brasileño

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Mar 3, 2026
RÍO DE JANEIRO, 2 mar (Xinhua) — El uso unilateral de la fuerza por parte de grandes potencias puede generar efectos sistémicos capaces de redefinir los límites prácticos del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial, advirtió el profesor João Alfredo Lopes Nyegray, especialista en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Paraná (PUCPR), en Brasil. En entrevista con Xinhua, el académico analizó las implicaciones de los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y lo vinculó a precedentes recientes en América Latina, señalando que el debate no debe limitarse al episodio militar en sí, sino a sus consecuencias estructurales para el sistema internacional. «Cuando grandes potencias recurren al uso de la fuerza sin una autorización clara de mecanismos multilaterales, el impacto trasciende el teatro de operaciones. La señal que se transmite al resto del mundo es que las normas pueden relativizarse dependiendo del poder del actor involucrado», afirmó Lopes Nyegray. Según el especialista, la arquitectura internacional posterior a 1945 se edificó sobre la premisa de que el uso de la fuerza sería una excepción extrema y no una herramienta ordinaria de política exterior. La eventual normalización de ese recurso, explicó, introduce un elemento de mayor imprevisibilidad estratégica. «Si la fuerza vuelve a ser entendida como instrumento regular de negociación geopolítica, los Estados tenderán a reforzar sus propias capacidades de disuasión, incluso militares, ante la percepción de menor confiabilidad de las instituciones multilaterales», sostuvo. El profesor señaló que el efecto más delicado no es necesariamente inmediato, sino acumulativo. Países con disputas territoriales latentes o agendas revisionistas podrían interpretar estos movimientos como una señal indirecta de debilitamiento práctico de las barreras jurídicas y políticas que históricamente han limitado el uso de la fuerza entre Estados soberanos. «No se trata de un ‘luz verde’ explícita, sino de una erosión gradual de la percepción de costo político. En entornos de competencia estratégica, las percepciones son determinantes. Si el costo percibido disminuye, los cálculos cambian», explicó. Para Nyegray, la geopolítica contemporánea funciona en gran medida como gestión de expectativas. Cuando la comunidad internacional percibe que las normas son aplicadas con flexibilidad para algunos actores y con rigidez para otros, aumenta la volatilidad sistémica. En el ámbito económico, el académico subrayó que las repercusiones de conflictos de este tipo trascienden con creces las posibles variaciones en el precio del petróleo. Escenarios como estos aumentan el riesgo global, tensionan las cadenas logísticas, encarecen los seguros marítimos y afectan las decisiones de inversión. El resultado puede ser una fragmentación económica más pronunciada, con un incremento del costo del capital, especialmente para los mercados emergentes, explicó. De acuerdo con su análisis, el encarecimiento del financiamiento externo y la mayor cautela de inversionistas internacionales podrían agravar vulnerabilidades estructurales en economías en desarrollo, ampliando asimetrías dentro del sistema internacional. No obstante, el profesor subrayó que todavía existen mecanismos que actúan como frenos relevantes ante una liberalización total del uso de la fuerza. Entre ellos mencionó la interdependencia económica, las alianzas regionales y los canales diplomáticos multilaterales. Sin embargo, advirtió que la repetición de estos precedentes puede modificar gradualmente los cálculos estratégicos de los actores internacionales a mediano plazo. «Si se consolida la percepción global de que las normas son flexibles según el peso político o militar del país involucrado, el sistema tenderá a volverse más volátil e impredecible. Y la volatilidad sistémica genera costos económicos y políticos que trascienden cualquier frontera regional», señaló. Para el académico, el momento actual exige prestar atención no solo a los hechos puntuales, sino también a las señales que configuran la conducta futura de los Estados en un escenario internacional cada vez más competitivo y fragmentado. Fin

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