SAO PAULO, 28 abr (Xinhua) — La Caatinga, el bioma que domina la región árida del noreste de Brasil y marcada por sequías, se ha convertido en el gran escenario de la revolución de la energía fotovoltaica en el país, en un contexto de crecientes desafíos ambientales. En el Día Nacional de la Caatinga, celebrado cada 28 de abril, el ecosistema, único que es exclusivo brasileño, gana protagonismo tanto por su papel en la transición energética, como por su importancia estratégica frente al cambio climático. Datos de la plataforma académica y científica MapBiomas indican que la Caatinga concentra el 62 por ciento de las áreas ocupadas por instalaciones fotovoltaicas en Brasil, con 21.800 hectáreas cubiertas por paneles solares en 2024. La zona, marcada por paisajes áridos y poblaciones que siempre sufrieron la escasez de lluvias y aguas, se destaca como el bioma más eficiente de Brasil en la captación de carbono. Investigaciones del Instituto Nacional del Semiárido (INSA) indican que puede retirar de la atmósfera cada año hasta siete toneladas de dióxido de carbono por hectárea. «Cuando la vegetación está preservada, el carbono se almacena en las plantas y en el suelo, pero la deforestación y el manejo inadecuado generan degradación ambiental y agravan el cambio climático», señaló Aldrin Pérez Marin, investigador del INSA y coordinador del Observatorio de la Caatinga y Desertificación. El bioma también alberga una rica biodiversidad, con más de 3.000 especies de plantas y cerca de 1.800 especies de animales, muchas de ellas endémicas. Algunos especialistas advierten que la Caatinga continúa enfrentando desinformación y una histórica falta de reconocimiento institucional. «La Caatinga pasa por un proceso de desvalorización, en gran parte por el desconocimiento de su riqueza biológica y cultural. Existe una visión estigmatizada que la presenta como un ambiente pobre en biodiversidad y marcado solo por la escasez hídrica, lo que la vuelve invisible en términos de políticas públicas», afirmó a Xinhua el coordinador general de la Asociación Caatinga, Daniel Fernandes. El especialista añadió que, a diferencia de otros ecosistemas brasileños, esa área no fue incluida como Patrimonio Nacional en la Constitución, lo que evidencia una menor visibilidad institucional. «Además, figura entre los biomas más vulnerables al cambio climático y fue el tercero más deforestado del país en los últimos años, según MapBiomas, detrás de la sabana brasileña, conocida como Cerrado, y la Amazonia», agregó el experto. «Estamos intensificando la fiscalización, invirtiendo en educación ambiental y fortaleciendo alianzas para combatir delitos ambientales y promover el desarrollo sostenible», afirmó el secretario de Medio Ambiente de Piauí, Feliphe Araújo. Estados como Bahía avanzan en políticas públicas integradas que articulan gestión del agua, conservación de la biodiversidad, ordenamiento territorial y planificación climática. Ante ese escenario, el Gobierno brasileño impulsa el Plan de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación y las Quemadas en la Caatinga, con ejecución entre 2024 y 2027, con el objetivo de coordinar políticas ambientales, sociales y económicas, mediante el Ministerio de Medio Ambiente. La Caatinga también ganó visibilidad internacional durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), celebrada en 2025 en Belém, estado amazónico de Pará, donde se discutieron mecanismos de financiamiento para su conservación. Fin
