LIMA, 24 ago (Xinhua) — Magali Romaní Aguilar, una peruana de 40 años que padeció durante más de dos décadas una extraña enfermedad denominada Xantomatosis Diseminada, vive hoy una «nueva vida» tras recibir en fecha reciente un tratamiento especializado en la República Popular China. En entrevista concedida a Xinhua en su vivienda ubicada en la ciudad de Lima, Romaní quiso ante todo agradecer a China, nación que ahora considera como segunda patria, y al personal médico que hizo posible su sanación. «Mi país es Perú, pero mi segundo país en mi corazón está China, porque ahí fue donde encontré la cura de mi enfermedad», afirmó Romaní desde un cómodo sofá. Acompañada por su madre, María Aguilar de la Cruz, y sosteniendo una tableta digital en la que almacena decenas de fotografías y videos que recuerdan el proceso de recuperación vivido en el Hospital Beijing Tsinghua Changgung, precisó que la enfermedad comenzó a manifestarse cuando apenas tenía 18 años. Explicó que la Xantomatosis Diseminada «es una enfermedad rara», caracterizada por pápulas y nódulos que atacaron la hipófisis, desataron diabetes insípida y menopausia precoz, y afectaron las articulaciones, codos, rodillas, la laringe y la capacidad visual. A los 22 años, el avance de la enfermedad comprometió de forma severa las vías respiratorias y la visión, lo que la obligó a someterse a continuas cauterizaciones que adelgazaron las córneas, lo que finalmente la obligó a suspender por completo las labores cotidianas. Afirmó que de manera progresiva tuvo que «dejar de trabajar» y de realizar otras actividades que le apasionaban, lo que le llevó a un cuadro depresivo, que para enfrentarlo buscó refugio temporal en la elaboración artesanal de tortas, mientras exploraba opciones médicas en distintas instituciones. Tras años de búsqueda infructuosa en Perú, Romaní halló en internet un reporte científico sobre un caso idéntico al suyo tratado con éxito en China mediante Cladribina, lo que le devolvió la esperanza y le motivó a contactar de manera rápida por correo al doctor y autor del reporte, Zhao Yi. Sorprendida por recibir una respuesta casi inmediata del especialista, coordinó la logística para viajar junto a su madre al hospital ubicado en Beijing, donde recibió sesiones de quimioterapia con Cladribina y reconstrucción de la laringe, un proceso integral financiado a través del convenio internacional vigente entre el hospital chino y el fondo de aseguramiento peruano Saludpol. Durante la permanencia hospitalaria, que se extendió por un año y dos meses, la paciente recibió una atención cálida por parte del equipo médico, que la acompañó con paciencia y le explicó en detalle cada etapa del procedimiento médico. «Yo me sentí todo el tiempo que estuve en China muy querida, porque de ahí me agarraron cariño todos los doctores», expresó Romaní. Antes de recibir el alta médica definitiva, los médicos y la paciente celebraron una despedida en la que prepararon postres peruanos, visitaron exposiciones culturales andinas, compartieron bailes tradicionales y mediante la caligrafía plasmaron frases de hermandad entre ambas naciones. Al reflexionar sobre el impacto del procedimiento en su futuro, Romaní enfatizó que la intervención de los especialistas chinos evitó un desenlace fatal y abrió un camino lleno de esperanza para reiniciar proyectos en Perú. Por su parte, la madre, quien la acompañó en todo momento durante la estadía en Beijing, compartió la profunda emoción vivida desde el inicio de la enfermedad. Aguilar señaló que presenciar la primera aplicación del tratamiento le dio tranquilidad, ya que «sabía que eso era una realidad», en especial al estar consciente de que quienes trataban a su hija eran especialistas chinos de muy elevado nivel. Valoró el compromiso altruista demostrado por los profesionales chinos al atender a ciudadanos extranjeros, sin importar barreras culturales o geográficas, guiados de manera exclusiva por la vocación de preservar la vida humana y restablecer la salud integral. «Eso es lo que yo rescato de los médicos de China hacia nuestro país y hacia cualquier otro, (…) que pueden tocar las puertas de China, y ellos, si está en sus manos, yo sé que las van a abrir, lo van a hacer», subrayó. Al reflexionar sobre el proceso de recuperación de la hija tras retornar al territorio peruano, aseguró que ahora Magali tiene «mucho camino por recorrer», después de haber despertado de años dominados por la oscuridad, enfocándose en recuperar el tiempo y las oportunidades perdidas. Fin
