BARCELONA, España, 2 abr (Xinhua) — Con la llegada de la Semana Santa, las pastelerías de España lucen sus creaciones más vistosas, las llamadas monas de Pascua, un dulce de tradición centenaria arraigado en buena parte del Mediterráneo, en especial en las regiones de Cataluña, Comunidad Valenciana y Murcia, en la parte oriental de la península Ibérica. De acuerdo con la tradición, cada Lunes de Pascua los padrinos regalan a sus ahijados esos dulces, que con los años han evolucionado de un sencillo pan con huevo a elaboradas esculturas de chocolate. Toni Roig Nieto lleva 34 años con la elaboración de monas en «La Colmena» que esta semana celebra 158 años de historia y es una de las pastelerías más antiguas de la ciudad de Barcelona, capital de Cataluña. Bisnieto de uno de sus fundadores, Roig explica que la tradición nació en las masías catalanas, cuando al hornear el pan los artesanos empezaron a añadir huevos duros y plumas de animales: «pintaban las plumas de colores y era un regalo como una bienvenida a la primavera». Aunque la mona de huevo duro sigue siendo la más vendida, «se vende el doble», según reconoce Roig, las elaboraciones de chocolate ganan terreno cada temporada. Fruto de una evolución artesanal a lo largo de décadas, esas piezas permiten al pastelero expresar su creatividad a través de figuras y esculturas comestibles que cada año atraen a un público más amplio, como el caso de Ramón Soler, de 70 años, quien acaba de comprar una mona para su nieta, de quien también es padrino. «Lo hago de toda la vida. Yo era pequeño y ya la celebraba. Mi padrino me regalaba la mona y he seguido la tradición», explica mientras sale de la pastelería con una caja en la mano. Soler recuerda que también regaló monas a su ahijada cada año hasta que cumplió 18 años y ahora retoma el ritual con su nieta: una figura de chocolate inspirada en una serie de televisión de moda entre los jóvenes. Otra clienta que acaba de comprar su mona, Victoria Isaltez, aprecia tanto las elaboraciones de chocolate con las figuras como las tradicionales de huevo, por lo que asegura que «también está muy bien que haya las tradicionales y además son muy buenas». Isaltez considera al mismo tiempo que la festividad de la época de Pascua es también una oportunidad para quienes visitan la ciudad y «siempre es bonito verlas así», además de que «si se puede probar, pues mejor todavía». La tradición también cautiva a quienes visitan la ciudad como Ricardo Correa, turista brasileño que descubrió Barcelona hace 20 años y regresa cada cierto tiempo sin faltar a su cita con las monas de Pascua. Para él, comprarlas se ha convertido en un ritual, ya que le gustan por su sabor, pero también porque le permite conectar con una costumbre local que siente ya como propia. Los precios varían entre las monas más económicas que se venden en supermercados desde los 34 euros, hasta las más artesanales que pueden superar los 70 euros. Las monas inspiradas en el club de fútbol de la ciudad, el Barcelona, se mantienen como un clásico indiscutible en las pastelerías, mientras las figuras de personajes de series de televisión y la estética musical ganan protagonismo cada temporada. Este año también destacan las creaciones en homenaje al centenario de la muerte de Antoni Gaudí (1852-1926) y la llamada Mona de las Ciencias, una iniciativa conjunta de la Universidad de Barcelona y el Gremi de Pastisseria para acercar la investigación científica a los más pequeños. Por eso, las monas de Pascua constituyen una tradición que lejos de quedarse en el pasado, se reinventa cada primavera en los escaparates de España. Fin
